Evitar una infección con el antibiótico adecuado puede parecer casi mágico. El dolor en la garganta mejora, la tos disminuye y los dolores de oído desaparecen. Desde la penicilina, aclamada como uno de los mayores descubrimientos de la medicina, estos medicamentos han salvado millones de vidas al tratar infecciones bacterianas graves, como la neumonía, y al protegernos en cirugías.
Sin embargo, el uso indiscriminado de antibióticos puede ser perjudicial. Muchas personas recurren a ellos para tratar síntomas como la secreción nasal o el resfriado, que en su mayoría son causados por virus. Según estimaciones, el 28 % de las recetas de antibióticos son innecesarias. Esto no solo los convierte en ineficaces, sino que también contribuye al creciente problema de la resistencia antimicrobiana.
El impacto del uso excesivo de antibióticos

Tragarse un antibiótico es como lanzar una bomba en el intestino, afectando no solo a las bacterias malas, sino también a las buenas. Según Martin Blaser, autor y experto en microbiología, cuando las bacterias beneficiosas desaparecen, las bacterias resistentes prosperan, complicando futuras infecciones. Este problema, conocido como resistencia antimicrobiana, ya es una de las principales amenazas para la salud pública mundial.
Cada año en Estados Unidos, 2.8 millones de infecciones resistentes causan más de 35,000 muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, los antibióticos alteran la microbiota intestinal, esencial para funciones como el metabolismo y la educación del sistema inmunitario, lo que podría aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas y autoinmunes.
Cómo usar los antibióticos de manera responsable
El cambio comienza con conversaciones abiertas con los médicos. Aquí te dejamos algunos consejos clave:
- Pregunta si realmente es necesario.
Si tu médico sugiere un antibiótico, pide más información sobre la infección bacteriana que están tratando. Pregunta si hay pruebas que confirmen el diagnóstico y si puedes esperar antes de iniciar el tratamiento. - Opta por tratamientos más cortos.
La evidencia reciente sugiere que los tratamientos prolongados pueden ser más dañinos. Por ejemplo, muchas infecciones comunes, como las de los senos paranasales, ahora se tratan en cinco días o menos, según las guías médicas. - Evita pedir antibióticos.
Estudios muestran que los médicos son más propensos a recetar antibióticos si perciben que los pacientes los esperan, aunque no sean necesarios. - Conoce los efectos secundarios.
Algunos antibióticos, especialmente los de amplio espectro, pueden causar problemas como diarrea y aumentar la resistencia bacteriana. Pregunta siempre si existe una alternativa más específica. - Reconsidera los probióticos.
Aunque a menudo se recomiendan para proteger la microbiota durante el tratamiento, algunos expertos sugieren tomarlos después de finalizar el antibiótico para maximizar su efecto.
Un equilibrio necesario
A pesar de los riesgos, los antibióticos siguen siendo esenciales cuando se usan correctamente. Por ejemplo, Martin Blaser los tomó al tratar la enfermedad de Lyme, y Sara Cosgrove, profesora de la Universidad Johns Hopkins, los utilizó tras una infección causada por un rasguño de su gato. En ambos casos, el tratamiento resolvió rápidamente el problema.
El mensaje es claro: los antibióticos son herramientas poderosas, pero deben usarse con precaución y responsabilidad. Reducir su uso innecesario no solo protege nuestra salud actual, sino que también ayuda a preservar su eficacia para las generaciones futuras.


