De ayudar a su padre en la cocina a liderar equipos en restaurantes de élite en Estados Unidos, Erick Mackay fusiona su herencia centroamericana con influencias globales, creando platos que cuentan historias de familia, resiliencia y creatividad culinaria.
Por: Reynaldo Dávila
En un mundo donde la cocina es más que alimento, sino una forma de conexión emocional, Erick Mackay emerge como una figura inspiradora. Este chef de origen hondureño, radicado en Wilmington, Vermont, ha transformado una pasión nacida en la infancia en una carrera vibrante que cruza fronteras. A los 37 años, Mackay no solo lidera la cocina de The Maple Leaf Tavern, sino que infunde en cada plato el calor de sus raíces latinas, recordándonos que la verdadera magia de la gastronomía radica en las historias personales que se sirven en la mesa.
De la Cocina Familiar a los Escenarios Culinarios Globales
Todo comenzó en San Pedro Sula, Honduras, cuando Mackay tenía apenas 12 años. Tras el divorcio de sus padres, se mudó con su padre, quien padecía artritis y no podía permanecer de pie por mucho tiempo. “Él empezó a enseñarme a cocinar”, recuerda Mackay en una entrevista exclusiva. “Con el tiempo, fui mejorando cada vez más. Mi papá comenzó a elogiar mi comida, y esa sensación de satisfacción fue lo que despertó mi pasión”. Pronto, su abuela se unió al legado familiar, transmitiéndole recetas tradicionales que aún hoy son sagradas para él. “Los pipianes rellenos son mi plato favorito. Sigo haciéndolo exactamente como ella me enseñó. Es algo que no me permitiría prepararlo de una manera distinta”, comparte con nostalgia.
Aunque su sueño era la cocina, las oportunidades educativas en Honduras lo llevaron por otro camino. Graduado en Administración de Empresas por la Universidad de San Pedro Sula, Mackay utilizó esa formación para navegar la industria culinaria con astucia. “La administración te hace entender que en los pequeños detalles y procesos está el éxito”, explica. “Te hace pensar en el presupuesto, los clientes, las condiciones y los utensilios al crear un menú”. A los 25 años, cuando surgieron cursos especializados en gastronomía en su país natal, profundizó en la ciencia detrás de la cocina: gestión de alimentos, reducción de desperdicios e ingeniería de menús.
Sabores que Unen Culturas y Crean Legado
Su trayectoria lo ha llevado a cocinas de alto ritmo en lugares tan diversos como Anchorage, Alaska; Cooperstown, Nueva York; y Big Sky, Montana. Como sous chef en el Casa del Árbol Hotel en San Pedro Sula de 2018 a 2020, perfeccionó recetas centroamericanas. Luego, en Estados Unidos, ascendió rápidamente: de cocinero de línea en Niseko Ramen a gerente de cocina en 49th State Brewing y, actualmente, en The Maple Leaf Tavern. Uno de sus mayores desafíos llegó durante la inducción al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, donde cocinó para leyendas como David “Big Papi” Ortiz. “Los grandes atletas están acostumbrados a la alta cocina, pero lo que más disfrutan es la autenticidad y la simplicidad”, reflexiona. “Superé ese reto entendiendo que no siempre se trata de impresionar con técnica, sino de conectar con la esencia de la comida”.
Lo que distingue a Mackay es su maestría en fusiones interculturales, inspiradas en su herencia hondureña y las sorpresas de la vida en EE.UU. “Las diferentes hierbas y especias que se usan en las sopas hondureñas han influido mucho”, dice. “En Honduras, las porciones de carne van enteras, no desmenuzadas como aquí”. Una de sus creaciones favoritas nació en Montana: bolas fritas de queso de cabra con culantro (una hierba hondureña de hoja ancha), menta, y una reducción de vino tinto con huckleberry, una fruta que le evocó nostalgia al recordarle apodos de caricaturas de su infancia. “Lo diferente que hay en USA es mi inspiración”, afirma.
Bilingüe en español e inglés, Mackay ha conectado con equipos multiculturales, desde latinos hasta estadounidenses, adaptando sabores del norte y sur del país. “Me ha ayudado a obtener opiniones, ideas y consejos de chefs de todo tipo”, señala. En The Maple Leaf Tavern, inspira a su equipo enfatizando la excelencia y la creatividad. “La excelencia no se negocia: técnica, limpieza, calidad. Pero abro espacio para que cada uno aporte ideas de su cultura», dice. Su equipo, conformado por personas de varios países, colabora en recetas que enriquecen el menú.
Para los jóvenes latinos que sueñan con seguir sus pasos, Mackay ofrece un consejo sabio: “Aprendan, entiendan y respeten otras culturas. La gastronomía hoy se trata de abrirse a nuevos sabores”. Mirando al futuro, planea experimentar más en Vermont con recetas brasileñas y llevar influencias estadounidenses a Honduras. “Me encantaría que en Honduras sea más común cortes como NY Strip o Ribeye, y compartir lo que aprendí aquí con mis compatriotas”.
Erick Mackay no solo cocina; cuenta historias a través de sabores que unen continentes y generaciones. En un plato, revive el amor por su padre y abuela; en otro, explora lo desconocido. Su viaje es un recordatorio de que la pasión, nacida en momentos simples, puede conquistar el mundo. Síguelo en Instagram en @Erickmackayh para descubrir más de su arte culinario.

