Un “Asís moderno” aplicado al conflicto actual no puede ser solo una foto simbólica como en 1986. Si repites exactamente la Jornada Mundial de Oración por la Paz de 1986, te quedas corto. Hoy tendría que ser más incómodo, más político (sin volverse partidista) y con consecuencias reales.
Lo planteo como un modelo concreto, no idealista:
1. Quiénes estarían en la mesa (y quiénes no)
No bastan figuras religiosas “amables”. Tendrían que estar:
- Autoridades judías de peso dentro de Israel
- Autoridades musulmanas con legitimidad en Palestina
- Representantes cristianos locales (que muchas veces quedan invisibles)
- Figuras religiosas con influencia global (no solo simbólica)
Clave: también observadores políticos indirectos (ONU, mediadores), pero sin dominar el evento.
Y algo incómodo pero necesario:
si excluyes a voces influyentes por ser “controversiales”, el evento pierde impacto. Pero si las incluyes sin control, se vuelve propaganda. El equilibrio aquí es delicado.
2. Dónde y cómo se hace
No en un lugar neutral lejano tipo Asís.
Eso hoy sería visto como desconectado.
Opciones más potentes:
- Jerusalén → simbólicamente brutal, pero políticamente explosiva
- Amán → más viable como punto intermedio
- Estambul → puente geopolítico y religioso
El mensaje cambia según el lugar:
Jerusalén = confrontación directa con la realidad
Otro país = espacio de contención
3. Formato: menos oración, más compromiso verificable
En 1986 la oración era el centro. Hoy eso no basta.
Un “Asís moderno” tendría tres capas:
a) Acto simbólico (lo visible)
- Oración conjunta o simultánea (cada religión por separado, como en 1986)
- Declaración pública fuerte:
- rechazo explícito al uso de Dios para justificar violencia
- reconocimiento del sufrimiento de ambos lados
b) Compromisos concretos (lo importante)
Firmas de líderes religiosos en puntos como:
- No incitación religiosa a la violencia
- Protección de civiles como mandato espiritual
- Apoyo a soluciones políticas no violentas
Esto suena básico, pero hoy ni siquiera eso está garantizado en el discurso público.
c) Mecanismo de seguimiento (lo que casi nunca se hace)
- Comité interreligioso permanente
- Reportes públicos cuando líderes incumplen
- Presión moral organizada (no solo palabras)
Sin esto, todo se queda en espectáculo.

4. Qué impacto real podría tener (sin fantasías)
Seamos directos:
esto no va a detener la guerra ni a resolver el conflicto.
Pero sí puede:
- Reducir la legitimidad del discurso extremista
- Dar respaldo a sectores moderados en ambos lados
- Influir en opinión pública internacional
- Crear costos reputacionales para líderes que usen religión para justificar violencia
En conflictos largos, eso importa más de lo que parece.
5. El mayor obstáculo (y aquí es donde muchos fallan)
El problema no es organizar el evento.
El problema es este:
Hoy la religión está entrelazada con identidad, territorio y poder.
Eso significa que:
- Algunos líderes religiosos no son neutrales
- Otros dependen políticamente de posturas duras
- Y muchos temen perder legitimidad si parecen “ceder”
Por eso, un “Asís moderno” sería más tenso, menos armonioso… y precisamente por eso más honesto.
6. Cómo se vería en una frase
Si el evento de 1986 dijo:
“Las religiones pueden convivir”
Un “Asís moderno” tendría que decir:
“Si usas la religión para justificar matar civiles, estás traicionando tu propia fe — públicamente y con consecuencias”


